Bajo el mismo cielo 1

El lunes pasado ya leimos la presentación de esta novela,  es para recordar que aquellos episodos que hoy vais a empezar a  leer no tenemos que olvidarlos nunca, y sin odio tratar de que nunca más se repitan.

Bien, hoy a quien le toca empezar?

A ti no, Ivan, recuerda que ya lo hiciste el lunes pasado.

Ah, que le cediste tu puesto a tu compañero, pues como lo hacemos? Os parece bien que hoy  empiece Rosa. Si?

Empezamos?

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Figueres, 1939

CAMINO HACIA FRANCIA

Eran los últimos días de la Guerra Civil en España.

En Figueres, al norte de Cataluña,

 las bombas caían una tras otra

con un ruido ensordecedor.

 

`[…] Las casas se hundían.

Hombres y mujeres corrían por las calles,

 llorando de miedo y de dolor.

 Había llamas y humo por todas partes.

 

Teresa y su hija Miranda

se habían refugiado en la escuela porque

 su casa solo era un montón de escombros.

 Ya no tenían familia.

 

 […] El padre de Miranda había muerto

 hacía días en una cruel batalla cerca del río Ebro.

Y sus abuelos habían quedado enterrados

 bajo las paredes de la casa

destruida por las bombas.

[…] En pocos segundos, las entradas

de los trenes quedaron bloqueadas

con muchos hombres, mujeres,niños,

niñas, abuelos y abuelas que querían subir.

[…] Teresa, muy angustiada, pensó que

si se acercaba a un tren, con los golpes

y los empujones, podía escapársele

la mano de la pequeña Miranda.

[…] Y se quedó de pie donde estaba,

con su hija al lado.

Además, no estaba segura de que

aquel tren fuera realmente a Francia.

[…] —Iremos a pie hasta Francia. A ti te gusta andar, ¿verdad?

—dijo Teresa a Miranda.

Y Miranda afirmó con la cabeza sin

decir nada de nada.

Muy tristes, se dieron la vuelta y

empezaron a caminar hacia la carretera.

Gracias Rosa, tienes la voz muy bonita, y lo has leido muy bien. En esta novela si que podrás entrar en el personaje.

Bressol dels exiliats

“Hi havia una mare que no tenia llet i el nen plorava de gana dia i nit. Quan es rendia de tant plorar, s’adormia i ella l’escalfava amb

el seu cos. Les mantes que tenien encara estaven xopes d’aquells dies tan dolents de febrer. Quan sortia el sol, enterrava el nadó a la sorra fins a deixar-ne fora només el caparró. La sorra li feia de manta.

Però al cap d’uns dies el nen es va morir de fred i de gana. Jo estava embarassada i només de pensar que el meu fill naixeria en aquell infern ja em desesperava.

Després d’unes setmanes, a la barraca d’infermeria del camp vaig trobar la senyora Elisabeth; o, més ben dit, ella em va trobar a mi.

Em va proposar de parir en una maternitat situada a Elna, allà mateix, al Rosselló.

El dia que va néixer el meu fill a la sala de parts de la Maternitat, no em vaig poder reprimir les llàgrimes.

Tothom es pensava que plorava d’emoció, però només jo sabia que plorava pel nen enterrat a la sorra d’Argelers”.

Mercè Domènech (Portbou, 2004)

Del llibre “La maternitat d’Elna. Bressol dels exiliats, d’Assumpta Montellà (2005)

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