¿Queréis que leamos unas fábulas?

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Cuando eras pequeño, seguramente te hayan contado más de una vez la historia de la zorra y las uvas o la de la tortuga y la liebre; también habrás escuchado cientos de veces la expresión “matar a la gallina de los huevos de oro”. Ahora quizá te estés preguntando qué tienen en común todas ellas: Pues tienen que ver que son fábulas.

La fábula es un relato literario que se caracteriza, principalmente, por ser breve, sencillo y, especialmente, por tener como protagonistas a los animales. A veces también a dioses

Las fábulas cumplen una función eminentemente didáctica, puesto que tienen como objetivo transmitir una enseñanza, conocida como moraleja, que estas basadas en la reflexión  después de un conflicto

¿Muy bien, verdad? Pero vosotros ahora le preguntareis a Pilar o a mi quien escribía las fábulas, ¿verdad?

Pues mirad, Esopo ha sido el mayor fabulista de la historia, uno de los primeros, y autor de la sombra que cobija a todos los demás, desde la antigua Grecia hasta nuestros días (pasando por Jean de La Fontaine, otro de los más grandes fabulistas de la historia).

Los animales encarnan determinadas cualidades o actitudes frente a la vida; tales atributos pueden ser negativos o positivos, y en función de ello se verán castigados o recompensados en el desenlace de relato. Dichas cualidades se atribuyen a los animales siguiendo una tipología que permanecería inalterada entre los seguidores e imitadores que desarrollaron el género: la zorra es la encarnación de la astucia; el lobo, de la maldad; la hormiga, de la previsión; el león, de la majestuosidad. De este modo, a través del comportamiento de los animales, las virtudes y defectos del ser humano son viva y eficazmente puestos de relieve ante el lector. Hay que advertir que, aunque esta sea la tónica general, en algunas de las fábulas intervienen también seres humanos o divinidades.

Del desenlace de la historia se desprende, como ya se ha indicado, la enseñanza moral: el desenlace premia o castiga a los animales protagonistas en función de si poseen una cualidad positiva o negativa. Pese a ello, y para que no quede duda alguna, se añade después del relato una moraleja explícita en forma de frase sentenciosa.

Vamos a ver un ejemplo:

El perro y la carne:

“Junto a un río de manso curso y cristalinas aguas, caminaba cierto perro ladrón con un hermoso pedazo de carne entre los dientes. De pronto, se vio retratado en el agua. Y como viera que otro compañero suyo llevaba también en la boca un buen trozo de carne, quiso apoderarse de él. Soltó la carne, que desapareció en el río, y contempló, espantado, que se quedaba sin el bocado verdadero y sin el falso”.

Es obvio que la historia previene contra la codicia, defecto por el que el perro ha sido castigado, pero igualmente se añade la moraleja sentenciosa: “Así siempre sucede al codicioso, que pierde lo propio queriendo apoderarse de lo ajeno.”

La mochila.                                                                          

Adaptación de la fábula de Jean de La Fontaine

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Se cuenta que hace muchos siglos, Júpiter, el dios de los romanos, mandó llamar a todos los animales de la tierra. Quería reunirlos para que le contasen cómo se sentían y si había alguna cosa que les preocupara, sobre todo en relación a su aspecto físico.

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—Os he convocado esta tarde porque quiero saber cómo estáis. Si hay algo de vuestro aspecto que os preocupa o queréis presentar alguna queja, contad conmigo que yo intentaré ayudaros a buscar una solución.

Todos se miraron sorprendidos y sin saber qué decir. Viendo que ninguno se animaba a hablar, Júpiter tomó la iniciativa.

—A ver… Por ejemplo, tú, monita ¿Hay algo de ti que no te guste y que quieras cambiar?

—¿Yo? Ay, no señor, me siento encantada con mi cara y con mi cuerpo. Tengo suerte de ser un animal estilizado y ágil, no como mi amigo el oso, que como ve está gordo y parece una croqueta gigante.

Júpiter buscó al oso con la mirada. Allí estaba, deseando opinar. Con un gesto, le incitó a que lo hiciera.

—Gracias por permitirme decir lo que pienso, señor. No estoy de acuerdo con la mona. Es cierto que no soy ágil como ella, pero tengo un cuerpo proporcionado y un pelaje muy bello, no como el elefante, que es pesado, torpe y tiene esas orejas tan grandes que casi las arrastra por el suelo cuando camina.

El elefante, por su tamaño, estaba al fondo del salón del trono. Levantó su trompa para pedir permiso.

—Di lo que quieras, elefante.

—Lo que ha dicho el oso es una bobada ¡Ser grande y pesado es una gran virtud! Me permite ver al enemigo a una enorme distancia y me convierte en un animal casi imbatible. Las orejas son útiles abanicos y casi nunca tengo calor. En cambio, mire el avestruz, que tiene unas orejas que ni se le ven y un cuello demasiado largo ¡Su cuerpo sí que es estrambótico!

El avestruz frunció el ceño y, adelantándose un paso, se plantó frente al dios.

— ¡Ese paquidermo no sabe lo que dice! Soy uno de los animales más veloces que existen y no cambiaría mi cuerpo ni por todo el oro del mundo. Mi cuello es fino y elegante, no como el de la pobre jirafa, que sí que es más largo que un día sin pan.

Todos se giraron para localizar a la jirafa que, muy digna, alzó la voz para que Júpiter y todos los presentes la escucharan bien.

—¡Qué absurdo lo que dice el avestruz! ¿Quejarme yo de mi largo cuello? ¡Todo lo contrario, es fantástico! Lo veo todo y alcanzo los frutos de las ramas más altas a las que nadie llega y que sólo yo puedo degustar ¡Mala suerte tiene la tortuga, que es tan bajita que se pasa el día tragando el polvo del suelo!

Júpiter empezaba a hartarse de la situación, pero hizo un barrido con los ojos buscando a la pacífica tortuga.  Sí, allí estaba también,  situada entre un perro y un gato, por si surgían peleas entre ellos. Con voz cansada, le cedió la palabra.

—A ver, tortuga… ¿Tú qué tienes que decir sobre esto? ¿Es cierto que tragas polvo?

—¡Ja, ja, ja! ¡Menuda tontería! Con cerrar la boca es suficiente. Si hay algo que agradezco a la naturaleza es la suerte de llevar la casa siempre a cuestas. Me siento protegida en todo momento y no tengo que preocuparme de buscar refugio. Pienso en lo mal que lo pasan otros como el sapo, siempre a la intemperie, y  eso sí que me da pena.

El dios Júpiter se levantó enfadado y con su bastón de mando, dio un golpe en el suelo que retumbó como un trueno.

—¡Basta! ¡Basta ya! ¡Cada uno de vosotros os creéis perfectos y estáis muy equivocados! Todos tenéis defectos porque ningún animal del mundo lo tiene todo, pero sois incapaces de verlo. Sólo distinguís los fallos que tienen los demás que están a vuestro alrededor y esa es una actitud muy fea por vuestra parte.

La sala se quedó en absoluto silencio. Ni la mosca se atrevió a zumbar y se quedó posada sobre el lomo de una burrita que escuchaba al dios con las orejas gachas.

—De verdad os digo que cada uno de vosotros lleváis una mochila cargada con vuestros  defectos a la espalda para no verlos, y en cambio, una bolsa con los defectos de  los demás sobre el pecho, para verlos en todo momento.

Y dicho esto, Júpiter, agotado, disolvió la reunión y se fue a descansar con la esperanza de que alguno de esos animales cambiara su comportamiento en el futuro.

Moraleja: Por lo general, vemos los defectos que tienen otras personas pero no nos damos cuenta de que nosotros también tenemos unos cuantos.  Es bueno reflexionar, darse cuenta de que todos cometemos errores y ser buenos y justos a la hora de juzgar a los demás. Nadie es perfecto.

 

Fábula de la lechera y el cántaro de Samaniego

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Una muchacha muy feliz caminaba con un cántaro de leche para vender en el mercado de su pueblo. Y mientras iba caminando, comenzó a sacar cuentas y soñaba:

Con el dinero que gane de la leche me podre comprar una cesta de huevos. Los huevos los pondré a incubar y entonces tendré cuatro docenas de pollos.

Los pollos crecen rápido y los venderé. Con ese dinero ganado me compraré un pequeño cerdito. Le voy a dar de comer muy bien, se pondrá gordo y muy rosado. Podre venderlo y me compraré… ¡una ternera!

Venderé la ternera y me podre comprar un hermoso vestido de mis colores favoritos con el que iré a pasear al pueblo y todos los muchachos me mirarán y querrán que yo sea su novia. Y yo moveré la cabeza muy orgullosa. Así.”

Y la lechera meneó la cabeza, así, y el cántaro de leche brincó y se destrozó.

Adiós, leche hasta la vista huevos, hasta luego pollos, adiós cerdo y… adiós ternera, pensó, muy triste, la lechera.

Moraleja:

 Muchos de nosotros anhelamos y soñamos con tener muchas cosas. La vida te presenta varias situaciones que uno debe superar. No seas impaciente con el futuro. Se precavido y mira bien por donde caminas para que no te sorprenda algún obstáculo que te prive de tus metas . Disfruta de lo que tienes  que el futuro que tanto sueñas será bello cuando cuides bien tu presente.  Mejor vive feliz el presente por que el futuro no está seguro.

  Fábula del camello y Zeus

 

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Zeus, Museo Británico

Cuentan que el camello, insigne en otro tiempo por sus descomunales orejas, se presentó lloroso y compungido al padre de los dioses:
Todos los que me ven, oh Zeus –le dijo–, se burlan de las orejas que me diste; el toro ostenta con orgullo sus temibles cuernos, mientras que yo me hallo indefenso, de todos despreciado, y expuesto a los ataques de mis enemigos.
Sonrió Zeus y exclamó:
—No puedo darte los cuernos que me pides, pero en cambio te quitaré las orejas.

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Moraleja

“La envidia no es buena consejera. Cuando quieras mejorar en algo, hazlo con tu esfuerzo y por tu deseo de progresar, no porque tu vecino lo tenga” 

          Fábula. El zorro y las uvas verdes  De Esopo

The_Fox_and_the_Grapes_-_Project_Gutenberg_etext_19994Un día, se encontraba el zorro caminando por el campo cuando de repente vio una vid con un bonito racimo de uvas. Colgaba en medio de las hojas y los granos se veían rosados y suaves como el terciopelo.
¡Qué uvas tan esplendidas! Deben estar deliciosas y frescas, dijo la zorra saboreándose. Como el racimo estaba alto, intentó conseguirlo alzándose sobre sus patas traseras. Pero, no puedo, estaba aun más alto todavía.
Entonces se le ocurrió y dio un pequeño impulso para saltar y nada. Saltó tres, cuatro veces, cada vez con más fuerza. Pero, no, no pudo conseguirlo, estaba más lejos todavía.
Entonces, moviéndose y dando la vuelta para continuar su camino, dijo, con mucho coraje: Pero porque quiero yo esas uvas tan verdes.

MORALEJA

La moraleja de la historia es que a menudo los seres humanos fingimos despreciar aquello que secretamente anhelamos y que sabemos que es inalcanzable.

El viento del norte y el sol 

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 Bóreas (el viento del norte) y Helios (el sol)

Hubo un día que se encontraban platicando el viento norte y el sol, entonces el viento del norte se jactaba de tener mucha fuerza, diciéndole al sol: tengo fuerza suficiente para devastar árboles, destruir casas y hacerlas volar por los aires como si fueran tamo. Nadie podría soporta mi fuerza. Cuando quiero soplar con violencia, todos se tienen que doblegar.

Respondiendo el sol le dijo: Hay numerosas formas de ser fuerte.

En eso estaban, cuando vieron que se acercaba un hombre por el camino y el sol dijo: Hagamos una prueba rápida y fácil. Aquel de nosotros dos que logre que el hombre se quite la capa será el más fuerte.
Muy buena idea, dijo el viento norte. Eso que propones es fácil para mí. Entonces comienza tú, dijo el sol.

El sol se ocultó tras una nube y el viento norte empezó a soplar con fuerza. Se agitó todo alrededor del viajero y el hombre se estremeció mientras los bordes de su capa se levantaban en el aire. El viento sopló con más fuerza, la capa revoloteaba más y más, en un momento pareció que iba a desprenderse y que el viento norte lo lograría. Pero el hombre ajustó más y más su capa a su cuerpo, se envolvió en la capa y caminó agachado enfrentando la fuerza del viento. Mientras más soplaba el viento norte, más fuertemente el hombre ajustaba la capa.

Ahora te toca a ti sol, le dijo el viento norte, veremos si tu puedes hacerle quitar su capa.
Aquí vamos, dijo el sol y comenzó a brillar con algo de fuerza.
El hombre se enderezó y soltó la capa al no haber más viento que le levantaran la capa. El sol continuó brillando más y más, calentando el camino. El hombre sintió los cálidos rayos que le entibiaban el cuerpo. Pronto, se quitó la capa porque hacía demasiado calor.

Viendo el viento norte que el sol logro su objetivo, se fue resoplando, derrotado, y el sol siguió brillando de una manera hermosa.
Moraleja:

La moraleja es bien obvia: la mayoría de las veces se consigue mucho más y con más facilidad aplicando la dulzura y la persuasión que utilizando la violencia.

 

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